09 noviembre, 2006

Los Detectives Salvajes

Uno de los temas principales de Los Detectives Salvajes es la búsqueda de la escritora Cesaria Tinajero. Dicho tema llegó a ser muy significativo para el propio Roberto Bolaño, pues lo repitió con variaciones en su última novela 2666. En ella encontramos a diversos personajes que indagan sobre escritores elusivos, olvidados o dementes, siendo el principal de ellos Benno Von Archimboldi, autor de culto por parte de cuatro críticos europeos que llegan a viajar al norte de México con la finalidad de poder saber cómo luce el "objeto" de sus estudios.

Desde luego, Los Detectives Salvajes no se agota con esta búsqueda, antes bien ésta es sólo un vértice en las vidas de la treintena de personajes que atraviesan su segunda parte. Pienso que esta segunda sección desarrolla uno de los temas más interesantes de la novela: la dispersión.

La primera parte del libro tiene la estructura del diario de un joven poeta mexicano, el cual refiere los dos últimos meses del año de 1975. Durante ese tiempo conoce a Ulises Lima y Arturo Belano, poetas a su vez y parte del grupo Real Visceralista. Las personas que conforman este extravagante grupo tienen diversas interpretaciones de la labor literaria, pues si bien hay algunos que efectivamente se dedican a estructurar una obra, también hay otros (la mayoría) que entienden la literatura como un medio para lograr una vida poética. Bolaño trabaja extraordinariamente la distinción entre este tipo de personajes: algunos leen poesía, otros escriben poesía, otros simplemente andan con poetas y algunos no han vuelto a escribir más. Pero lo importante en esta primera parte no es tanto su vínculo con la literatura, sino las relaciones que forman entre ellos. Todos se encuentran unidos por (creer) ser la vanguardia (es decir, la auténtica vanguardia), la revolución en la escritura. También es cierto que están unidos porque roban libros, se hospedan unos en casa de otros, tienen distintos niveles de nexos sentimentales-sexuales (siendo quizás los más interesantes el de María Font, y el de Lupe con Quim), etc. Es sumamente relevante el hecho que muchos de ellos no tienen más de 23 años, pues esto sirve como señal de una etapa de aprendizaje (especialmente para el autor del diario, García Madero). Esta primera parte concluye con una dramática huida al desierto de Sonora, donde tres de los personajes principales continuaran las averiguaciones sobre la situación de Cesaria Tinajero, mientras son perseguidos por dos cafichos armados.

Ahora bien, es sobre la segunda parte del libro que me gustaría centrarme. Esta es considerada polifónica debido a la variedad de narradores que aparecen durante los 20 años que abarca. Podría afirmarse de forma general que en ella se recogen las vidas de aquel grupo que vimos tan ingenuo e invencible en la primera parte, pero deslizándose en una segura separación. Creo que eso sucede con muchas personas con las que tuvimos una relación continua por algún motivo (grupo de gente que conocimos en la universidad o porque frecuentaban invariablemente los mismos lugares los fines de semana). Entre los Real Visceralistas se producen rupturas, peleas por reconocimiento literario, algunos se mudan a hoteles y tienen hijos, otros fallecen enfermos o de manera violenta, escapan al otro lado del continente, trabajan en empleos absurdos, tratan de publicar en alguna revista o se unen a revoluciones en África, algunos siguen con vidas aburridas o encerrados en hospitales psiquiátricos, incomprendidos, solitarios, anónimos, olvidados. Bolaño supo capturar esa dispersión, esa sensación de que todo va cambiando implacablemente (y no siempre para mejor) según los años pasan y vamos perdiendo contacto con aquellas personas. Porque ¿a quién no le ha pasado que, caminando un día por la calle, se encuentra con alguien que no veía hace mucho tiempo y le cuenta que tal persona con la que podía pasar una hora entera conversando sobre algún tema que ya ha olvidado es ahora padre o acaba de sacar un libro, que aquella chica con la que uno estuvo hace años se ha ido a Francia sin decir nada y nadie sabe exactamente dónde está, o que alguien que leyó una vez un buen poema en una clase acaba de fallecer en un accidente de automóvil?

¿Quiénes son los detectives salvajes? No creo que lo fueran Ulises Lima y Arturo Belano, o, en todo caso, no fueron exclusivamente ellos. Los detectives salvajes se encuentran en la segunda parte, donde no hay un narrador desconocido (es más, cada apartado inicia con el nombre del narrador que lo desarrollará), sino unos narratarios desconocidos, quienes serían los verdaderos investigadores de las vidas de los miembros del realvisceralismo. Si es cierto que un escritor juega a interpretar ser narrador en una historia (como los actores interpretan un papel en el teatro, o los niños interpretan ser "policías" o "ladrones"), los lectores pueden (en ocasiones, no siempre) jugar a ser los narratarios de ella. Permitirnos averiguar qué paso con estos personajes -en quienes casi todos podemos encontrar a alguna persona que hayamos conocido- hace de esta novela de Bolaño un reencuentro con uno mismo, pues estas personas son parte de nuestra historia particular y de quién fuimos en algún momento. La tercera y última parte de la novela concluye con la continuación del diario de García Madero, sólo para explicar el auténtico comienzo de todas las separaciones. Paradójicamente, dicho comienzo es una excelente razón para que uno de los personajes de Los Detectives deje definitivamente de escribir.

3 Comments:

At noviembre 22, 2006 9:01 a. m., Blogger El Caballero de la triste figura said...

A pesar que estoy planeando criticar a Bolaño prontamente, buscar sus rincones flacos, no puedo negar que su obra y este libro en particular calaron hondo en mi cabeza.

Nada más que decir de este libraco.

Fijando un punto pero alejándonos de él, en linea recta hacia lo desconocido

 
At noviembre 22, 2006 3:17 p. m., Blogger Pablo Rumel said...

Muy buena tu conjetura sobre la segunda parte. Yo me imagino que cada relato es parte de un largo expediente llevado a cabo por detectives perdidos, que intentaronen vano reconstruir el caso de un crimen invisible. Un crimen que no se deja dilucidar muy bien en la novela, hasta la mentada tercera parte, donde se logran atar algunos cabos sueltos.

Siempre me ha gustado esa literatura realista que es enrarecida por elementos externos, que parecieran invadirla y contaminarla.

Saludos.

PS: Herrera, no era: "fijando un punto, pero alejándonos de él caminando hacia atrás?

PPS: Recuerdo a un poeta surrealista chileno, bien loco y reventado, llamado Teófilo Cid, que en uno de sus primeros poemas (por allá en los años 30) escribió "amad la línea recta"

 
At noviembre 23, 2006 11:22 a. m., Blogger julio ubillus said...

Luis: Un post como el que propones sería interesante. El libro parece una despedida a una época, a varias personas.

Pablo: La literatura que señalas es de las mejores, e incluso diría que la relación mundo/literatura es recíproca: el mundo invade cuestiones literarias, y la literatura reconfigura el mundo. Luego de leer 2666, a uno le queda la sensación de que los Detectives era un preparativo para ella, en donde el tema del crimen es también recurrente.

Saludos.

 

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